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HISTORIA martes, 13 de julio de 2021

Anton Barrutia, todo una vida entre tubulares

ANTÓN BARRUTIA
toda una vida entre tubulares

(Entrevista realizada para URTEKARIA Revue hace unos años)

Estar con Antón Barrutia es como enfrentarse a un menú interminable. Salta de plato en plato, desde la ensalada al postre para volver a las alubias, tan familiares y habituales para este hombre corpulento nacido el día de San Antonio de 1933 y que, a pesar del paso de los años, no ha perdido la mirada de chaval travieso que le guió por caminos y carreteras durante décadas, cosechando además victorias como pocos.

Y es que Antón Barrutia encaja a la perfección con la filosofía de esta revista. Hijo del ciclismo de posguerra, compitió durante años vistiendo los más variopintos maillots para desembocar en una de las estructuras más sólidas que nuestro ciclismo jamás haya conocido y terminar su largo periplo como director de campanillas.

Faltan páginas para plasmar los recuerdos, las opiniones, el sabor, el olor y el color de toda la historia que lleva dentro este hombre de talante siempre atento y jovial. Él se da poca importancia y no parece muy consciente de la enciclopedia ilustrada que lleva dentro.

UR-Tu hermano Cosme, cuatro años mayor que tú, fue ciclista profesional. ¿Le debes a él tus inicios en la bicicleta de competición?

AB-Un poco sí, pero mi padre no lo veía muy claro. Entonces ser ciclista no era una predilección para los padres, apenas se ganaba dinero y, cuando dije que quería correr en bicicleta, el padre me respondió que en casa ya era suficiente con un golfo. No le gustó la idea de que, además de Cosme, Antón también se dedicara a la bici.

UR-Y luego coincides con Cosme tres años en Gamma y dos en Boxing-Kas. El hermano mayor abre los ojos al pequeño en la selva del oficio de corredor. En el ciclismo vasco la lista de dorsales hermanos es interminable. Sin salir de esta zona de Durango, vosotros los Barrutia, Lejarreta, Gorospe, Urien, Zarrabeitia, Silloniz,…

AB-Y antes que nosotros los Agirrezabal, Cipri y Julián. Yo empecé a correr en bici con 20 años. Nunca tuve licencia de aficionado, empecé como principiante; corríamos con los independientes y los profesionales de cuarta. Todavía me acuerdo que la primera carrera corrí en Santurce y llegué el último, luego me presenté el 28 de abril aquí en Durango y gané a los Sarduy, Alberdi y compañía. Aquel triunfo me animó a correr ya en serio, porque yo entonces estaba trabajando en la cantera de Bernagoitia, aquí arriba. Hacía 16 kilómetros al día de ida y vuelta al trabajo. Pagaban muy bien; llevaba a casa mil quinientas pesetas al mes, cuando mi padre ganaba la mitad trabajando a destajo. Aquello era un gran sueldo para el año 1948. Por eso me dijo que con un golfo era suficiente. 

UR-Conociste en primera persona proyectos interesantes, aunque muy diferentes, como Lube, Majestad o Catigene.

AB-Empecé con el Boxing y gane el primer año 35 carreras tipo circuito, que se hacían en las fiestas de los pueblos. Hice segundo en la Subida a Arrate contra gente de mucho nivel, ganó Oscar Elgezabal. Al año siguiente -1955- ya fui profesional con Gamma, donde estuve tres años.

UR-¿A qué se debe la vida tan corta de aquellos equipos?

AB-El más estable entonces era el Boxing, de Villafranca de Ordizia, y lo llevaba un señor que se dedicaba al negocio de la chatarra pero muy aficionado al ciclismo y metía muchas horas para el equipo. Creo que fue en 1958 cuando ya se denominaros Boxing-KAS, estaba mi hermano entonces en el equipo. Y siguió en aquel equipo la temporada 59; luego, tras pasar unos meses en Garsa, colgó la bicicleta.

UR-Entre tanto, tu nombre sube como la espuma tanto en ruta como en ciclo-cross. Sigues siendo el mejor profesional español en un mundial de bici al hombro, cuarto en Tolosa 1960.

AB-Ciclo-cross empecé a correr desde el 54 y fui sexto en el campeonato del mundo en Italia con veinte años. Al año siguiente estaba seleccionado y la federación me hizo una faena; no me dieron la licencia porque tenía que ir a la mili. Aquel año yo andaba muchísimo; hice la Vuelta a Andalucía y me llevé una etapa, luego gané en ciclo-cross el campeonato de Vizcaya en Amorebieta, el Vasco-Navarro en Azpeitia y el de España en Eibar, con el circuito completamente nevado. Era tan evidente que, al fin, me avisaron de la federación que tenía el pasaporte listo el jueves a la noche. Cogí el pulman para San Sebastián -que era el más rápido- al día siguiente a la mañana, a las diez. En San Sebastián cogí el tren que llaman topo y llegué a Irún. Y allí me dieron el dichoso pasaporte con el billete del tren. En el rápido llegué a Paris a las diez y media del sábado, después de viajar durante toda la noche.

UR-Intentamos meter una cuña preguntando sobre la preparación y la alimentación de entonces, pero Antón se muestra contundente como antaño sobre la bicicleta, sigue con la narración de aquel mundial de ciclo-cross de 1955 con pelos y señales, como si se hubiera celebrado la semana pasada.

AB-Yo no sabía ni francés ni inglés, ni idea. En Burdeos había subido al tren un soldado francés y, como pude, le expliqué lo que me pasaba y me ayudó a ir a la estación para Sarre y me fui al hotel. Desayunando encuentro a un camarero navarro que me ayudó a llevar la bicicleta hasta la estación y meterla en el tren. Llegué a las tres de la tarde a la estación de Sarre y allí no me estaba esperando nadie. Metí la bici en la consigna y compré un periódico que traía en portada al campeón del año anterior, Dufraisse. Y enseñando aquella foto estuve andando, y preguntando, desde las tres hasta las seis de la tarde, cuando encontré al presidente de la federación. Me llevó al hotel y al día siguiente salí sin haber visto el recorrido.

UR-Toda una película que Antón cuenta con maestría de guionista consumado. Con pelos y señales, tal y como ocurrió en Sarre o Saarland, territorio situado entre Francia, Alemania y Luxemburgo, de titularidad germana actualmente, y que en la década de los 50 tuvo selecciones deportivas oficiales que participaron al máximo nivel.

AB-Hice el doce, y eso que rompí el cuadro y perdí un tiempo precioso. Aquel año podía haber ganado, andaba como un tiro en ciclo-cross. Nos pusimos en cabeza Dufraisse, el italiano Severini creo que era, y yo. Para cuando pude cambiar de bicicleta ya se me habían marchado en aquel circuito de hierba y barro helados. Mis compañeros de selección eran Facundo Zabaleta, Felipe Alberdi y Ponciano Arbelaiz. Todos nos clasificamos. Volví a casa y no corrí más ciclo-cross.

UR-¿Seguro que no volviste a la modalidad del barro? Tu palmarés dice lo contrario.

AB-La verdad es que en 1959 me llamó Mariano Galarza el del Boxing, que era seleccionador, y me pidió que volviera al ciclo-cross porque al año siguiente el mundial iba a celebrarse en Tolosa. En el campeonato de España pinché e hice segundo, Talamillo vencedor. Fui al mundial a Ginebra y entré de los diez primeros, octavo. Y al año siguiente el campeonato de España fue en Tolosa, en el mismo circuito que una semana después sería el mundial. Gané pero me descalificaron porque había cambiado una rueda fuera de la zona permitida, una tontería. Me tenían que haber eliminado en la primera vuelta, cuando hice el cambio de rueda; pero había sesenta mil espectadores y había que dar espectáculo.

UR-Y llegó el esperado mundial.

AB-Con lo del domingo anterior no tenía yo muchas ganas de correr, pero me llevaba bien con Galarza y al final accedí. Hice quince segundos menos que el nuevo campeón del mundo Wolfshohl con solo siete días de diferencia sobre el mismo circuito. Y en aquel mundial hice cuarto con caída incluida, el mejor puesto de toda la historia de la selección.  

UR-Volvamos unos años atrás. Venías con fama de esprinter y ganas la subida a Arrate con 20 años ante gente más que contrastada en la cuesta arriba. Es el año que te toca hacer la mili, que entonces cortaba de cuajo la progresión.

AB-Gané Arrate el 55 y 56. Y en 1957 estaba solo en cabeza cuando pinché, tenía la victoria en el bolsillo. Algo parecido hice en el PG Ondarroa, que se corría por etapas. Gané en el 54, segundo al año siguiente y volví a ganar en 1956.

UR-Ganaste en Arrate a la mañana y por la tarde, en el GP Primavera de Amorebieta, ganó tu hermano Cosme. Corríais dos carreras en el mismo día, algo impensable hoy.

AB-El ciclismo de entonces era así. Aquello fue en 1956 y las cosas han cambiado mucho.

UR-Hablemos de una carrera desaparecida hace ya décadas, pero que tenía su miga. El campeonato de España por regiones, que se corría en la modalidad de crono por equipos de tres, sobre 150 kilómetros y ¡en octubre!. Lo ganaste en dos ocasiones, 1956 y 1962. ¿Te acuerdas con quién?

AB-La primera vez fue con Carmelo Morales y Ferraz y la segunda con Vélez y Uriona. Y también ganamos al año siguiente Uriona, Momeñe y yo, siempre representando a Vizcaya, pero nos descalificaron por salir con ruedas de 28 radios, que por lo visto no estaban permitidas en aquella prueba. Si nos avisan a tiempo hubiéramos llevado unas normales, y si es que el reglamento no lo permitía no sé porqué los jueces nos dejaron salir y hacer toda la carrera. El caso es que aquel año anularon el precintaje de bicicletas que solían hacer la víspera. Nuestra federación había solicitado el reglamento de la carrera pero nadie había contestado. Guipuzcoa fue la ganadora oficial con Otaño, Errandonea y Mendiburu.

UR-En 1956 corres tu primera Vuelta y terminas el 20. Pero luego, en tu larga carrera deportiva no te acercaste al podio en las de tres semanas. ¿Falta de resistencia o preparación improvisada?

AB-Lo que pasa es que yo corría en el equipo nacional con Bahamontes, Loroño, Bernardo Ruiz, Botella, todos figuras; y Jesús Galdeano y yo, callar y trabajar para ellos. Todos aquellos no andaban más que yo, ni Loroño tampoco, seguro. De todas maneras, en 1955 también estuve seleccionado para correr con la selección B y con el asunto de la mili no me dieron permiso y no corrí. Siempre me tocó hacer de gregario, en mi primera época eran Loroño y Bahamontes, y después en Kas había que trabajar para Vélez y Gabica que, al final de la Vuelta siempre quedaban cuarto o quinto; en definitiva, yo sacaba en premios más que ellos con etapas ganadas y otras primas. En la Vuelta de Gabica ya no estaba yo. Y el valor máximo de un profesional, ahora y antes, es el dinero. La cosa ha cambiado mucho porque hoy un corredor que te gana dos etapas levanta más de cien millones por temporada, de pesetas quiero decir.

UR-Fuiste testigo muy directo del duelo Loroño-Bahamontes en la Vuelta de 1957, sobre la que se han escrito ríos de tinta. ¿Está todo dicho sobre aquello?

AB-Aquella Vuelta la tenía Bahamontes en el bolsillo. Andaba mucho entonces, y era líder en Valencia con 16 minutos sobre Loroño, ambos de nuestro equipo, el nacional. Era domingo y faltaba una semana para terminar la Vuelta.

UR-Barrutia nos recita una a una las etapas que quedaban por disputar, sin dudar en una sola localidad. Todo exacto, todo en su infalible enciclopedia ilustrada.

AB-Pero Loroño cogió al día siguiente una escapada de Valencia a Tortosa y le sacó 22 minutos. En la escapada también iban Bernardo Ruiz, que corría con el equipo Mediterráneo, Campillo y Escolá del Pirenaico, los portugueses Barbosa y Da Silva y el ganador de la etapa Tognacini.

UR-Algo increíble, que el director Puig no mandase parar.

AB-¡Díle a Loroño que pare en una escapada que ya había cogido más de diez minutos! El director no le dijo nada. Y Bahamontes no reaccionó. Si el Águila de Toledo pone a trabajar al equipo –teníamos un equipazo con San Emeterio, Ferraz, Botella, Trobat, Serra, Galdeano,…- pues Loroño hubiera llegado con seis o siete minutos, pero no con más de veinte. Faltando ya pocos kilómetros alguien le dice a Bahamontes que Loroño llevaba más de veinte minutos y entonces empezó a reaccionar, pero ya fue tarde y perdió el amarillo.

UR-Cada uno por su lado, el duelo elevó muchos enteros la afición ciclista.

AB-Con Loroño ya líder Bahamontes le atacaba, en Somport por ejemplo, y Loroño salía a por él. Puig le mandaba parar a Loroño, y Jesús le contestaba: ¡Que pare él!

UR-Aquel mismo año vas a tu primer Tour, otra dimensión. Fue el primero de Anquetil, seis meses más joven que tú. En el equipo vuelves a coincidir con Bahamontes y Loroño, que hizo quinto en la general, con Poblet, Bernardo Ruiz, Suárez y compañía.

AB-Estuve bien, lo que pasa es que sufrí una caída en la etapa de Roubaix y tuve que retirarme. Una pena porque estaba muy fino, venía de ganar días antes la Bicicleta Eibarresa.

UR-Tú eras más corredor de un día, ganador de etapas. Pocos pueden decir que han ganado siete etapas en la Vuelta, tanto al principio como al final de la ronda.

AB-La primera fue en Castellón, estadio de Castalia; estaba Van Looy y había que intentarlo de otra manera que no fuera esprint masivo. En los últimos kilómetros quedamos un grupo adelante por un ataque de Everaert y fui el más rápido en disputa con Talamillo. Al año siguiente fue Fernando Manzaneque quien provocó el corte y le batí en Vigo, donde además me vestí de amarillo, tomando el relevo de mi compañero del equipo Brandy Majestad y paisano Alberdi. En 1962 fui el primer líder de la Vuelta gracias a mi victoria en Barcelona sobre Elliot, del equipo de Anquetil, en un esprint que gané por pocos centímetros. Repetí victoria en el estreno del año siguiente, pero como era medio sector Gijón-Mieres y Anquetil ganó el otro contrarreloj, el normando se vistió el primer maillot amarillo que, por cierto, no se lo quitó en toda la Vuelta. Y repetí triunfo en Vitoria, otra vez sobre Elliot, en un grupito que nos lanzamos después de subir Orduña -puerto de mucha historia que parece ha caído en el olvido más absoluto- a la caza del escapado, Ignolin creo que era. Fue una gran alegría para nuestro equipo, con sede en Vitoria. Para terminar con mis triunfos en la Vuelta, en 1964 volví a hacerlo por partida doble: otra vez la presencia de Van Looy me situó en un grupito que se formó a última hora y pude vencer en Montjuic, donde además de la etapa del 62 ya había ganado en otras ocasiones, y también gané en Madrid, gracias a un tirón de fuerza de última hora con Raúl Rey. Conocía muy bien el circuito y pude zafarme de la vigilancia de los demás velocistas.    

UR-Vuelves al Tour en y consigues terminarlo en 1964 con quinto puesto en una etapa y la sorpresiva victoria de vuestro equipo Kas en la crono por escuadras.

AB-Fue una sorpresa para los que se dedican a hacer pronósticos sobre seguro. Nosotros teníamos un equipazo; éramos Gabica, Velez, Momeñe, Uriona, Joaquín Galera, Carlos Echeverria, Elorza, Julio Jimenez, Piñera, Katarra Uribezubia recién llegado al equipo, y me falta uno, porque aquel Tour se corrió con equipos de once corredores; me falta… ¡yo ,claro!. Una pena que la gran mayoría de corredores de mi generación apenas tuviésemos oportunidad de correr en el extranjero. Yo ya tenía 31 años y entonces se empezaba a salir a carreras de máximo nivel, era la segunda participación de Kas en el Tour y en aquella crono por equipos demostramos nuestro verdadero nivel en una especialidad que para nosotros era muy poco habitual.

De todas maneras, los míos eran otros tiempos, pero andaba mucho. Me preparaba a conciencia. Yo me he levantado a las seis y media para entrenar, desde Durango subir Urkiola, Vitoria, puerto de Herrera, Labastida, Miranda, Vitoria y vuelta a casa; un entrenamiento que hice muchas veces. Preguntad a los de ahora y veréis lo que te contestan.

   UR-Lo dejas en 1965, aunque en invierno sigues haciendo ciclo-cross. Te llegó tarde la consolidación de Kas como equipo serio. La existencia de una estructura bien organizada y estable multiplica la valía de sus corredores.

AB-Ocurrió que en 1965 murieron Mendijur y Talamillo, las figuras del ciclo-cross, y aparece de nuevo Mariano Galarza; me pidió que volviera porque el mundial se corría en Beasain. Prácticamente había colgado la bici, pero atendí de nuevo su llamada y de 21 carreras gané 20; todas menos el campeonato de España, tiene narices. En el mundial volví a meterme entre los diez primeros y ganó un chavalito joven, Eric de Vlaeminck, el primer arco iris de los siete que consiguió en profesionales.

UR-Luego Langarica te propone llevar Kas aficionados y aceptas. Estaba empezando a despuntar entonces toda aquella gran generación que asistió a la Olimpiada de Mexico (Lasa, Linares, Fuente, Galdos, Lazcano, Zubero, Tamames, Gómez Lucas, además de Perurena, Carril y compañía). ¿Quién te llamaba más la atención?

AB-Langarica me ofreció la dirección de aficionados en el momento que dejé la competición. Comencé en 1966 con Vicente López Carril, José Luis Uribezubía Katarrilla, Lazcano, Gómez Lucas, Nemesio Jiménez, luego cogimos a Linares y Tamames. A mí particularmente, el aficionado que más me gustaba era el pequeño de los Galdeano, Javier. Era muy alto y delgado, subía, andaba en llano y en la crono; lo tenía todo pero creo que Dalmacio se precipitó, le llevó al Tour muy joven, estaba enfermo y se empeñaron en que terminara; y lo consiguió, pero allí quemó toda la artillería.

UR-Y luego pasas a dirigirles en profesionales desde 1971 hasta 1978. Vélez se incorporó algún año más tarde. Fue un salto natural.

AB-Estuve los dos primeros años con Dalmacio Langarica y Vélez entró en el 73. Conmigo ganó Fuente su primera Vuelta en 1972, la del 74 fue con Vélez.

UR-Fue una sorpresa lo del 72, porque los hombres fuertes sobre el papel eran Lasa y Perurena. ¿Hubo tensiones dentro del equipo?

AB-Pues claro, lo normal. Pero hablaba con Peru constantemente, él iba líder y yo tomé la decisión de seguir. Todo empezó cuando en Huesca salieron a una meta volante Grande y Fuente; Grande entonces estaba en Werner con Momeñe de director, y Fuente era nuestro escalador con etapas ya ganadas en Giro y Tour. Aquella famosa etapa de la caída de Ocaña líder en Mente  la ganó Fuente, y la siguiente también, en Superbagneres.

Volviendo a la etapa, se marcharon los dos y empezaron a subir Mont Repos. Cogieron tres minutos y pico y volví a hablar con Peru, y me dijo que Fuente tenía que dejar atrás a Grande, o de lo contrario había que pararle una vez coronado el puerto. Me acerqué a Fuente y le dije ”o le dejas subiendo o te paro”. No le gustó nada, me respondió “yo daría la sangre por Grande, como si fuera un hermano”, que eran muy amigos y todo eso. Se lo repetí, o le dejaba o arriba tendría que parar. Al final le dio cuatro hachazos y se fue solo hacia arriba. En la pancarta de montaña ya le sacaba minuto y medio. Paré el coche y le dije a Peru “¿tiramos para adelante o qué hacemos?”. “¡A tope, que vaya a tope!” me respondió sin dudar. Y así se hizo.

UR-También era asumir un riesgo.

AB-Riesgo siempre hay, pero en una carrera quien se queda a verlas venir y no toma decisiones no es nadie. Al día siguiente, en la salida de Sangüesa se me acerca Bergareche el director de la Vuelta y me dice, como enfadado, “Oye, me has hundido la Vuelta”; le mandé a freír espárragos. Él quería un ganador con más nombre como Lasa, Tamames o Perurena. Cuando terminó la ronda, en la cena de San Sebastián, declaró que la Vuelta era la prueba que lanzaba nuevas figuras al firmamento ciclista. Fuente fue seguido al Giro, donde hizo segundo detrás de Merckx después de vestir de rosa y volvió a ganar la montaña. Era un fenómeno, fue también podio del Tour de Ocaña en 1973 y en el 74 ganó cinco etapas en el Giro -en otra llegó con Lazcano y le dejó pasar-, más de diez días de líder y su cuarto reinado de la montaña consecutivo, con Merckx en carrera y ganador final; y aquel no regalaba nada. Con Galdós también hicimos dos podios en el Giro y nos trajimos unas cuantas maglias rosas.

UR-Terminemos la etapa aquella Vuelta del 72.

AB-Fuente dio una exhibición, llegó a la meta de Formigal con más de seis minutos -el padre de los hermanos Schleck con el equipo Bic hizo sexto-, y se colocó líder con 6:35 de renta sobre el segundo Perurena. Estaba claro, no había dudas. Luego volvió a ganar la Vuelta de 1974, pero ya para entonces era un figura consumada y me imagino que Bergareche respiraría más tranquilo.

UR-El año que Ocaña ganó el Tour, Fuente hizo tercero. Parece que no se ayudaron, incluso dicen que Ocaña puso su granito de arena para que la montaña se la llevara Pedro Torre, como así sucedió con 225 puntos por  216 del Tarangu.

AB-Claro que estaban enfrentados. Fuente le atacó a Ocaña, por ejemplo, catorce veces seguidas en el La Madeleine, hasta que le dejó. Luego subieron el Galibier con Ocaña en cabeza y por Brainçon al Izoard, por la cima pasó Fuente primero pero bajando pinchó y Ocaña le atacó y ya no pudimos cogerle. Lo que son las cosas, al año siguiente la montaña del Tour se la llevó Peru por delante de Merckx.

UR-Otro Kas que hizo podio en el Tour fue Vicente López Carril –tercero en 1974, a solo cinco segundos de Poulidor-, el hombre que más temporadas vistió el maillot de Vitoria.

AB-Era muy bueno y seguro pero, al no tener ninguna especialidad, llamaba menos la atención. Y para ganar una vuelta tienes que ser buen contrarrelojista y subir bastante, o subir mucho. De todas maneras, Carril merece un lugar de privilegio en la historia de nuestro ciclismo, algo que no siempre se le reconoce.

UR-De la Vuelta de 1975, sin embargo, tendrás un recuerdo bastante más agrio. El último día Tamames se lleva por segundos una Vuelta que era de Peru y Lasa, en territorio de éstos además. ¿Si llegas a saber el desenlace final hubieras planteado la carrera de otra manera?

AB-Hubiera actuado exactamente igual. Aquello fue mala suerte, sin más. En las llegadas había bonificaciones. En el polideportivo San Ignacio de Bilbao Peru tenía la etapa en el bolsillo y pinchó; en Miranda tenía todo a su favor y rompió un radio.

UR-¿Tener una doble baza os perjudicó?

AB-Para mí la baza era Perurena, y desde ese punto de vista analizo la carrera. Lasa era muy bueno, pocos tendrán más podios que él en la Vuelta, pero aquel año el hombre para ganar era Peru. Txomin ha sido un hombre del ciclismo y para el ciclismo.

UR-Otro momento amargo, la muerte de Santisteban en el giro de 1976.

AB-Una pena. Era la primera etapa y nos quedamos helados. No sabíamos muy bien qué hacer en aquella situación de shock. La casa habló con la viuda, con la familia y nos dijeron que siguiéramos corriendo.

UR-Parece que Vélez y tú imprimisteis otro estilo a Kas. Langarica estaba más obsesionado con la clasificación por equipos, valoraba más meter tres o cuatro entre los diez primeros. Da la impresión de que vosotros apostabais más a las claras por la victoria individual.

AB-No creo que Langarica tuviese esa obsesión, lo que pasa es que no tenía una figura y planteaba la estrategia más apropiada con los hombres que tenía. ¡Qué más hubiese querido que poder plantear las carreras para tal o cual figura! Julio Jiménez, por ejemplo, subía mucho pero no andaba contrarreloj. Tuvo a Momeñe y San Miguel cerca del amarillo final en el Tour, y a Gandarias también, pero quedaron cuartos o quintos porque no se pudo más. Luego es fácil decir que si aquel día no llega a tirar no sé quién y ese tipo de cosas, pero eso también lo pueden argumentar el sexto, el séptimo o el octavo, o el segundo con respecto al vencedor final. A toro pasado, ya sabemos. Nadie puede decir que haya perdido un Tour por Dalmacio Langarica.

Vélez y yo hicimos lo mismo, pero con los corredores que teníamos, un grupo de muchísima calidad y con grandes prestaciones en todos los terrenos.

UR-Teníais una plantilla de quitar el hipo.

AB-Y podíamos haber tenido también a Ocaña. Yo  le había visto en la Vuelta al Bidasoa que ganó, hizo un etapón en  de Irún a Pamplona solo; nosotros con todo el equipo atrás tirando y no pudimos, y eso que yo tenía un equipo de bandera. Seguido le llamé a casa, pero no estaba y la mujer no le dio el recado; en ese intervalo le cogió Machain para Fagor. Y Ocaña era una figura de talla, un corredor con unas cualidades para ayudarle solo a él todo el equipo. Porque los demás eran corredores buenos, claro, pero tenían su día malo que les alejaba de la victoria final.

UR-La fantástica singladura se corta de una forma traumática cuando la casa comercial comienza a mirar a Bélgica, fichando a Van Impe y Criquielion. Aquella aventura solo duró una temporada y el otoño de 1979 se tragó el histórico equipo de refrescos.

 AB-Comenzaron a vender el producto en la zona de Francia-Bélgica y apostaron fuerte, pero la cosa no salió como pensaban y desapareció el equipo.

UR-Y Antón Barrutia entonces pasa a dirigir equipos de menor nivel y menos organizados como Flavia, Transmallorca o Henninger. Época de vacas flacas.

AB-Al Kas de Van Impe y compañía le ganamos la Volta a Cataluña con Vicente Belda.

UR-Y tu último equipo es Teka, en 1981 y 82, compartiendo dirección con tu amigo Peru.

AB-Teníamos a Alberto Fernández, que ganó la Vuelta al País Vasco y la de Castilla, y a Marino Lejarreta. Y Perurena empezaba al volante, una de las mejores personas que he conocido en el ciclismo. Con Peru siempre bien. No le gustaba nada mandar, ni de corredor ni de director. Era incluso demasiado bueno. Y para ser ciclista hay que ser un poco cabrón. Si llega a tener algo más de malicia, Perurena hubiese sido un fuera de serie, y eso que tiene un palmarés como pocos.

He hecho 35 Vueltas a España; diez como corredor, doce de director y trece como chófer de la organización, con el médico muchas veces; creo que se algo de esto...

Antón Barrutia, ese gran conversador que al despedirse nos confiesa que a primera hora ha hecho cuarenta kilómetros en la bici de casa, tiende la mano para despedirse y la aprieta levemente para expresar una vez más, sin palabras, la felicidad que le proporciona el seguir siendo conocido entre los aficionados.

Conocido y querido, amigo Antón. Tu mejor trofeo.   

 

 

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