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Alberto Contador no come carne roja. Un manjar en Argentina. El ciclista madrileño no ha cambiado sus hábitos y ha llevado una vida 100% profesional y espartana en San Luis. Gran protagonista y estrella de la carrera, ha tratado de pasar lo más desapercibido posible en su estancia y lo ha conseguido.
Su vida, al margen de las etapas, en San Luis se ha limitado a algún compromiso institucional los primeros días, antes de comenzar la carrera. La verdad es que se ha dejado ver poco antes y después de cada jornada y apenas ha salido del Hotel Vista, donde solo se ha relacionado con el entorno de su equipo ya que el hall solía estar repleto de gente. Y, a la espera esta semana de la decisión del TAS sobre su resultado analítico adverso por clembuterol en el Tour de Francia 2010 -aplazada de nuevo al 6 de febrero-, no ha concedido entrevistas personales, aunque ha atendido a los medios con amabilidad en las salidas y en las llegadas.
Para ir al inicio de las etapas, salía el último del hotel y un coche del equipo, un Chevrolet Corsa, le esperaba a la puerta, conducido por Bjarne Riis, que llegó el martes, y acompañado de su inseparable Jesús Hernández, también su compañero de habitación. Antes de montar, siempre atendió a los aficionados para firmar autógrafos y fotografiarse. Igualmente, a la hora de firmar antes de cada etapa lo hacía escoltado, en ocasiones por una pareja de policías, pero no huía de los micrófonos de los periodistas locales de cada ciudad.
Al término de cada etapa, era conducido rápidamente por su jefe de prensa hasta el automóvil o hacia el podio después de sus dos victorias. Igualmente, organizaron una rueda de prensa tanto en El Mirador del Potrero como en el Mirador del Sol, en las que Contador supo ganarse a la afición de San Luis; en sus declaraciones agradeció la hospitalidad y el trato recibido y alabó las cualidades de la carrera y la provincia. Y en El Mirador deL soL, a 220 kilómetros de San Luis, regresó en el helicóptero del presidente del Comité Olímpico Argentino. Sin duda, el español ha situado a San Luis en el mundo.
Por la noche, sólo salió un día del hotel, el jueves al Restaurante Los Robles, un asador céntrico de San Luis, para celebrar el cumpleaños de su compañero de equipo Juan José Haedo. A los paseos habituales de otros corredores por la noche puntana ha tenido que renunciar por su popularidad ya que la ciudad tiene una alta actividad nocturna dada su excelente temperatura, más calurosa los dos últimos días cuando el mercurio se disparara hasta más de los 40 grados durante la tarde. Sí lo intentó una noche, para estirar las piernas, pero se tuvo que retirar a su habitación pues enseguida se vio rodeado de aficionados.
Así que del hotel a la etapa y de la etapa a su habitación. Por las noches, sin la posibilidad de salir a la calle, las ha pasado en su estancia, viendo la tele o alguna película ya que la conexión de internet se colapsaba a esas horas y no podía utilizar su Ipad.
Tras la séptima y última etapa de ayer domingo asistió, junto con el resto de corredores y equipos, a la cena que ofreció el Gobernador de San Luis en Potrero de los Funes. Rápidamente regresó al hotel y viajó de madrugada en coche desde San Luis a Mendoza lunes para volar a las 6 de la mañana al aeropuerto de Eceiza de Buenos Aires y enlazar con un vuelo a Madrid a las 14:00 horas. Su aterrizaje en Barajas está previsto a las 6 del martes y ya en suelo español aguardará, con inquietud y confianza a la vez, la decisión del TAS que marcará su futuro inmediato y puede que su carrera deportiva (El TAS ha anunciado que aplaza su decisión hasta el 6 de febrero).
De hecho, se ha mostrado encantado por la experiencia argentina ya que al menos por momentos ha podido centrarse en el día a día de la competición y olvidarse de un proceso que debe llegar a su fin.
Una dieta normal, o casi
Contador sigue sin comer carne roja. “No la ha vuelto a probar. Ni fuera de temporada. Y tampoco Jesús Hernández. No tiene la seguridad de que le vuelva a tocar la china”, nos asegura Jacinto Vidarte, su jefe de prensa. Un sacrificio, más aún, en una tierra con una carne sin igual.
El resto de la dieta del corredor español es la habitual de un ciclista en competición. No tiene ningún capricho especial. Para desayunar, arroz y tortilla francesa habitualmente; leche, desnatada, con cacao, zumos y agua. Los cereales los consume más según avanza la temporada, sobre todo cuando le toca una contrarreloj o en las etapas más largas y duras, como en el Tour de Francia.
Y durante la carrera, lleva algún pastelito y barritas en el maillot para la primera parte de la etapa, y la bolsa de avituallamiento la llena con algún bocadillo, más barritas, fruta, como el plátano, gel… En la habitación del hotel siempre suele pedir tener fruta y algunos frutos secos y en San Luis también ha consumido Coca-Colas y algún café. La cena se basa en hidratos y proteínas, es decir, ensalada, pasta y pollo o pescado.
En carreras importantes, como el Tour de Francia, y las concentraciones del Saxo Bank, el conjunto danés dispone de un equipo de cocina propio, y todo lo que consumen él y sus compañeros de equipo, incluido el pan, pasa por la supervisión y las manos de Hanna, jefa de cocina.
Unai Iraragorri |