01/09/2010 - Historia Fignon, maestro autodidacta
Que tras su reciente muerte se insista tanto en el temperamento de Laurent Fignon no me parece justo, sinceramente. ¡Ni que sus contrarios hubiesen sido el modelo del refinamiento humano en bicicleta!
Estamos hablando de ciclismo de competición, y el objetivo es ganar, cada uno con sus bazas. Fignon lo hizo cuando nadie lo vaticinó. Y una de sus armas más afiladas fue su temperamento competitivo, que se forjó en su rápido aprendizaje con el maillot profesional.
Los expertos vaticinios le auguraban un lugar mucho más secundario en el firmamento ciclista; pero Laurent entrenaba y mejoraba en los terrenos que menos le favorecían, en lugar de creerse lo que diariamente se publicaba. Con temperamento, por supuesto; díganme ustedes que otro camino le quedaba.
Sabido es que el entorno urbano no ayuda en absoluto al surgimiento y formación de ciclistas, y Fignon era de París, la ciudad francesa europea por excelencia. Y, sin embargo, fue protagonista de la última época dorada del ciclismo galo como el que más.
Recordamos su gesto impasible trabajando con su maillot negro Renault para el jefe supremo Hinault en la Vuelta del 83. Entonces el señalado para seguir la racha triunfal del bretón era Bernaudeau. Y no fue así. Porque Fignon se llevó dos Tour consecutivos, 1983 y 1984.
Alguien puede puntualizar que en el primero de ellos la desgracia del líder Pascal Simon colaboró decisivamente en la victoria del rubio parisino. Nadie lo niega, pero recordemos que aun faltaban las etapas alpinas y Fignon era segundo a poco más de cuatro minutos del hombre de Peugeot. Y, para disipar todo tipo de duda, al año siguiente Fignon se impuso al Caimán, segundo a 10:32, en una edición en la que Hinault se presentaba con un nuevo proyecto llamado Vie Claire para demostrar a Guimard que sus Renault, Fignon incluido, eran inferiores.
En el nuevo proyecto de Hinault estaba un joven llamado a sucederle en el cetro mundial de la bicicleta: Jean-François Bernard. Y otra vez falló la cátedra. Fignon siguió demostrando que es posible llegar a gran figura sin pasar por la privilegiada élite de gran promesa.
Con su temperamento, con su genio; porque el pelotón profesional nunca será una escuela de buenos modales, como es lógico en un colectivo cuyos miembros compiten entre sí sobre todo por un contrato más ventajoso, algo mucho más humano y entendible que las erróneas intuiciones y argumentaciones a posteriori de los expertos desde su cabina.
Temperamento, Laurent, temperamento para ganar dos Tour y un Giro, y gran número de pruebas de importancia, hasta 81 victorias como profesional. Comprueben, comparen y saquen sus conclusiones. Al César lo que es del César, y a Laurent lo que es de Fignon.
Max Bulla |